Podría decir que no me gusta nada de él,
que no me llama la atención y que cuando
lo tengo cerca no sonrío, decir que ya
no me importa, que cuando lo veo, lo miro
como a los demás, que no me gusta su sonrisa,
ni sus ojos ni la forma en que camina.
Podría decir que no me hacen gracia
sus tonterías o sus ataques de locura,
que no me hace reír. Podría decir que no lo
extraño. Podría decir que ya no lo quiero.
Podría decirlo, pero.. ¿sabes? sería mentira.
Nos cuesta ponernos de acuerdo, de hecho,
rara vez estamos de acuerdo.
Discutimos casi todo el tiempo.
Pero a pesar de nuestras diferencias,
tenemos algo importante en común:
Estamos locos el uno por el otro.